El profesor Luis Villavicencio, de la Escuela de Derecho, a propósito del actual movimiento estudiantil, nos aporta su visión sobre los métodos de expresión de las demandas. Me ha parecido muy interesante. Espero comentarios al respecto.
Soy un firme partidario de la desobediencia civil, particularmente en países como el nuestro, de profunda cultura autoritaria, donde la posibilidad de influencia mediante el diálogo sólo está reservada para los más poderosos. Y, por ello mismo, celebro con alegría la capacidad de organización de lo estudiantes secundarios para llevar adelante una protesta, con algunos matices, justa.
Sin embargo, también creo que la desobediencia civil es una herramienta ciudadana que debe administrarse con cuidado y no tiene porque influir en el normal desarrollo de las actividades universitarias. El paro o la toma no tiene porque ser siempre la única opción para protestar, muy por el contrario, cualquier medio reivindicativo debe ser, en principio, compatible con las obligaciones laborales y académicas que cada uno de nosotros tiene. Protestar fuera del horario de clases o de forma que no afecte la vida académica normal, muestra en mi opinión un mayor grado de
compromiso con las demandas legítimas que se están apoyando. Pero, las medidas que entorpezcan el desarrollo regular de las actividades académicas deben ser siempre subsidiarias y sólo para los casos más extremos. Se le hace un flaco favor a la
desobediencia civil si cada vez utilizamos la toma o el paro para protestar. Al final, la trivializamos y le restamos seriedad al peso de las demandas, puesto que todas éstas parecen tener siempre el mismo valor para justificar una toma o un paro.
Siento que se repite en parte algo así, si me permiten la analogía, como el círculo de la pobreza. Mientras otros trabajan para seguir siendo mejores o para llegar a ser mejores, nosotros, sumamos a las difíciles condiciones en las que nos desenvolvemos, nuestra propia incapacidad de aprovechar al máximo los limitados recursos que tenemos. ¿Quién le devolverá a los alumnos las cientos de horas
formativas perdidas durante su carrera por cada toma y paro que se convoca? La universidad, en mi opinión, es el lugar reservado para el ejercicio de la virtud de la excelencia académica y ese debería ser nuestro principal norte. La desobediencia civil dejémosla para nuestro tiempo libre y sólo llevémosla a las aulas cuando sea estrictamente indispensable, no cada vez que tenemos que protestar por algo, incluso por
reinvindicaciones que ni siquiera son del todo propias.
Saludos cordiales,
Profesor Escuela de Derecho.
Pablo Palet Araneda
Director General Académico